"Porque desde la primera vez que uno pone un pie en la vereda del Monumental no puede imaginarse
la vida sin la banda. Como existe el viento, como el cielo es azul. Gracias a Dios, existe River."
Ignacio Copani

viernes, 29 de junio de 2012

Hasta siempre, Beto.



Te fuiste. Dejaste un legado imborrable, querido Beto. Transmitiste tu pasión por River siempre que pudiste. Profesaste el amor a los colores hasta el último día. Sufriste junto a nosotros, lloraste como lo hicimos aquellos que llevamos tan adentro esa banda roja. Seguro te habrás enojado, intentaste encontrar respuestas a un momento que todavía ninguno entiende. Y lamentablemente te fuiste con esas preguntas que hasta hoy nos seguimos haciendo. Me animo a decir que no buscaste culpables, pero tampoco te olvidaste de los que le hicieron esto a tu querido River. Hoy recuerdo aquella frase que dijiste cuando explicaste que te dolió más el descenso, que el día en el cual te enteraste sobre tu enfermedad. Y vaya si te creí aquel día y si te creo hoy. Llevaste el sentimiento a todos lados. Durante tus 40 años de carrera River nunca se ausentó de tus micrófonos. Fuiste el corazón, las palabras y el alma de todos nosotros cuando no tuvimos espacio para expresarnos.

Te hiciste socio en el año 1978 y tuviste la alegría de ser vitalicio del club. Fijate si representaste a River que hasta prestaste tu voz y tu imagen para la película que se proyecta de los mejores jugadores en el Museo de Figueroa Alcorta. Viviste los 18 años sin salir campeón y aseguraste que si bancaste al equipo durante todo ese tiempo, cómo no ibas a hacerlo ahora. Y te diste el gusto de calmar esa tristeza que tuviste al verlo caer aquel sábado junto a todos nosotros. De alguna forma, y aunque hoy suene un tanto ambiguo, volviste a vivir. Seguramente no pudiste festejar como hubieras deseado. Te tocó bailar con la más fea y sin embargo siempre diste pelea a una batalla difícil de ganar. ¡Si sabremos de luchas nosotros, los hinchas de River! Y estoy segura que esa fuerza que hacías por el equipo partido a partido fue la misma que pusiste para recuperarte. Nunca voy a entender por qué se va la gente buena, por qué se van aquellos que le hacen bien al alma. Pero si de algo estoy feliz, hoy en el día de tu partida, es de que pudiste verlo volver. Te habrás emocionado tanto como nosotros. Volviste a firmar ese pacto eterno que tenemos con los colores, más allá de la vida.

Quien hable de vos seguramente dirá la palabra River en el medio. Fuiste, sos, y serás siempre sinónimo de la banda roja. Hoy te habrás encontrado con esos grandes que viste en la cancha. Y también con esos que nos dejaron hace poco, el flaco, Caloi, y tantos otros, conocidos y desconocidos que forman parte de esta gran familia millonaria a la que estoy orgullosa de pertenecer. No descubro nada al decir que te ganaste un lugar enorme en el cielo, y estoy segura que a partir de Agosto, cuando empiece la nueva temporada en el lugar del que nunca debimos habernos ido, vas a alentar desde aquel círculo celeste que encierra nuestro maravilloso Monumental. Como lo hiciste desde la tribuna, desde la tele o desde la radio, vas a volver a profesar el amor más puro por lo colores de River. Tu River.

domingo, 24 de junio de 2012

Punto Y Aparte.



Final a la pesadilla que me mantuvo en vilo 363 días y noches. Final a la pesadilla que me generó el nudo más grande en la garganta, el mayor dolor de cuerpo. Final a una pesadilla que me costó peleas con amigos, con familiares. Y por sobre todas las cosas, final a una pesadilla que reafirmó el amor que siento por estos colores. La locura que genera un club de fútbol. La pasión que, 38 fechas después, le sigue ganando por goleada a la razón. Hace meses vengo pensando qué escribiría hoy. Fueron muchos los domingos que me desperté con la idea de que el anhelo se alejaba, pero también fueron muchos los días que renové la confianza en el grupo que defendió a muerte esta camiseta. Hoy, créanme, no me sale nada de lo que había planeado. Hoy no entiendo cómo llegamos hasta acá pero si todo lo sufrido valió para despertarme con la sensación que todavía tengo no me arrepiento de nada. 

Llegué al Monumental con una incertidumbre insoportable. No sabía qué hacer para adelantar el tiempo. Las agujas del reloj parecían estancarse cada cinco minutos. Nadie me aseguraba el resultado y, era previsible que no sucediera pensando que tantas veces nos confiamos y nos llevamos la desilusión a casa. Esta vez ni el más optimista se animaba a vaticinarme el final de esta historia. La postal era repetida en los miles de rostros que se hicieron presentes. Recibí llamados de personas que jamás pensé que recibiría deseándome una especie de suerte que ni yo creía. La previa fue a puro nervio y ansiedad hasta que se hicieron las 3, y la pelota comenzó a girar. Radios por doquier en todo el círculo del Monumental. Recordé aquel partido ante Lanus donde las malas noticias llegaban minuto a minuto y, por supuesto, intenté pensar que la historia esta vez tenía que estar del lado de River. Y ocurrió lo que tanto ansiábamos. El pitazo final desató el llanto, la locura, la felicidad en todos. Habíamos terminado con el sufrimiento de meses y necesitábamos esa explosión en el alma que todavía me recorre por la piel.

Qué difícil se hace hablar de los sentimientos. Y más complicado es cuando se trata de uno imposible de explicar en palabras. Es cuestión de sentirlo, de vivirlo. Se trata de dejarse llevar por la pasión, por la locura que genera la camiseta. Se trata de conocer la historia, la gloria. De los motivos por los cuales este club es demasiado grande y de ninguna manera merecía estar en el lugar donde muchos lo llevaron. Pienso en los kilómetros recorridos, en los maltratos que recibimos. En las canchas que visitamos, la lucha por entradas, la angustia que arrastramos hace ya varios meses y más orgullosa me pone saber que seguimos estando. Que nunca nos caracterizamos por abandonar. Que pudimos habernos enojado, criticado y hasta pensamos en dejar todo pero, el amor, el amor es más fuerte.

Siento un gran alivio. Tengo la sensación de haberme despertado de un año colmado de negativas. Porque si ganábamos, no jugábamos con nadie. Si empatábamos éramos el peor equipo y si perdíamos, bueno, para qué decirlo. Un año en el cual los refuerzos llegaban rotos, los jugadores estaban peleados. La dirigencia le había soltado la mano al cuerpo técnico y el técnico, uno que tuvo que ponerse el buzo casi sin tiempo a pensarlo, era incapaz de sacar esto adelante. Y finalmente, todos unidos, lo logramos. Aquel mundo que se me derrumbó el 26 de Junio de 2011 hoy parece comenzar a reconstruirse. Llevará su tiempo, no tengo dudas. Pero hoy decido ponerle punto y aparte al sufrimiento más grande que viví. Hoy empiezo a escribir una nueva página con la certeza de que somos millones los que llevamos la banda roja en el alma y no vamos a dejarte caer, nunca más.


lunes, 4 de junio de 2012

Será por todo lo que fuimos



Y pasó nomás. Una nueva frustración. Un nuevo golpe en el pecho, un nuevo dolor de cuerpo. Un poquito más de alcohol a un fuego que parece no apagarse más. Una nueva herida a un alma que no encuentra razones para seguir sufriendo. Para seguir pagando los errores de otros, para seguir hundiendo la historia de un club que hace agua por todos lados.

Hasta cuándo. Es la pregunta que me hacen muchos como si me pusiera el traje de Nostradamus y pudiera predecir un final que ni yo sé como terminará. Ojalá, créanme que desearía más que nada tener esa respuesta. Poder decir con certeza que quedan apenas tres semanas de esta dura e interminable pesadilla. Y ojo, no voy a negar que será algo que nos acompañará de por vida. Pero volver a la máxima categoría significará, sin lugar a dudas, un cambio de aire que necesitamos todos los que venimos experimentando los peores sentimientos. Bronca, impotencia, tristeza. Soy la primera que, cada fin de semana, se pregunta hasta cuándo habrá que seguir buscándole explicaciones a algo que realmente no la tiene. Ya no creo en nada, ni en nadie. No creo en promesas, en vaticinios, en cábalas. En nada. Cada encuentro se encarga de derrumbar mis teorías. Cuando creo ganado un partido en los 90 minutos, me lo empatan. Cuando lo creo ganado por el historial y las estadísticas, nos quedamos a doce pasos de la final. Como si fuera poco, de esa final tan deseada. Sí, los astros están alineados en nuestra contra hace rato y si bien no estoy para nada a favor de la violencia, creo que es momento de hacerles una visita y explicarles que el corazón ya no aguanta más.

Si algo aprendí desde el 27 de Junio de 2011 es a no negar la realidad. A aceptarla tal cual es y de ahí emprender el punto de partida hacia la reconstrucción, resurrección, como quieran llamarlo. Si olvido, si perdono, si no exijo o si no me enojo estaría cayendo en la necedad de aquellos que intentan tapar el sol con las manos. Tengo en claro que no me gano el título de hincha por hacer caso omiso a un momento que ni el más pesimista imaginó. Sino, todo lo contrario. Reafirmo mi condición de hincha involucrándome, acompañando, alentando, defendiendo mis colores. Pero también lo hago criticando, analizando y reprobando las actitudes de aquellos a los cuales la camiseta, tanto dentro como fuera del campo de juego les queda demasiado grande. Así como también, decido hacerlo ante un técnico que ayer por la noche tuvo una gran responsabilidad en el resultado final. Sí. Respeto las opiniones a favor y en contra pero una semi final era motivo suficiente para ponerle un poco más de picante a un equipo que llegó de gran manera a esta instancia y que ayer le faltó un caudillo que agarre ese sexto penal y se haga cargo de una pelota que en ese momento quemaba. Y la agarró un chico que con 24 minutos en cancha y algunos escasos partidos, definitivamente no tuvo la culpa.

Siento cada fin de semana que la herida se hace más grande. Pero también, y aunque piensen que estoy loca, me corre en la sangre el amor por River más que nunca. No quiero decir que me acostumbré porque sigo pensando que se puede estar mejor. Pero también es cierto que cada derrota, cada golpe, cada tristeza hace más grande el amor que le tengo a esta institución, al rojo y al blanco. Que cada semana espero más ansiosa el próximo partido. Que a pesar de los duros momentos, siento la necesidad una vez más de acompañar a mi equipo. De seguir escribiendo, de no darme por vencida. Y me llena el alma ver que seguimos fieles a River. que las camisetas siguen estando, que el hincha genuino sigue firme. No soy hincha de la hinchada, para nada. Si hay algo que siempre resalté es al verdadero hincha de River. Ese que respeta la historia y se hace respetar. Ese que en apenas tres semanas, si las piernas, la cabeza y la suerte juegan a nuestro favor, se irá a dormir con una sonrisa y con el alma un poco menos maltrecha. Que sea por la historia, por los ídolos, por los títulos. Que sea por todos los que fuimos. Pero que la vuelta, sea una realidad.


viernes, 25 de mayo de 2012

111 años después, te vuelvo a elegir.



Hace horas vengo pensando de qué manera iba a resumir en algunas lineas lo que significa River en este cumpleaños número 111. Muchos me dijeron que no hay nada por festejar. Argumentaban que estar en la B, en una situación impensada, era motivo suficiente para pasar el 25 de Mayo como un día más. Con perfil bajo, inadvertidos. Me enojé. No entendía como esos que se llenan la boca hablando de aguante, de amor, de pasión, pudieron esbozarme no festejar un nuevo año junto a River. Por eso decidí izar la bandera más que nunca y partir rumbo al Monumental. Mi casa, nuestra casa.

Al llegar pude ver a todos esos locos apasionados como yo. Entendí que no estaba errada en querer festejar un nuevo cumpleaños. Entendí que, más allá del dolor que causa ver a River en esta categoría, me regaló muchas más alegrías que tristezas. Entendí que esa canción que reza Pasan los años, pasan los jugadores, pero lo que no pasa, River es mi pasión sigue intacta. Que la locura sigue intacta. Que el sentimiento no entiende de circunstancias, de partidos, de lugar donde nuestro querido millonario.
Me encontré con muchos conocidos, y una vez más entendí por qué estaba caminando junto a ellos. Sin dudas,  River, además de lo que me dio a lo largo de mi corta edad me hizo conocer personas que seguramente jamás hubiera encontrado. Me regaló una nueva familia, la riverplatense, me regaló los mejores abrazos, las mejores afonías. Siempre digo que River en mi vida es como una terapia. Puedo tener la peor semana pero pisar el Monumental logra que mi mundo se reduzca por dos o tres horas a la mayor felicidad. Con River no existe el mal de amores, las peleas con amigos, las discusiones familiares. Con River no existen los malos días, los problemas laborales se terminan, las desilusiones se olvidan. River genera que el corazón, la mente, el cuerpo luzca como nuevo. Es mágico. Uno entra en ese círculo rojo y blanco y el aire se renueva. Y solo te dedicás a disfrutar. A vivir la fiesta. A llevarte en las retinas las imágenes que solo se sienten en el corazón.

Seguramente, hace 111 años, esos soñadores que forjaron nuestro querido River Plate no imaginaron que tendría este significado en la vida de tantos. En la vida de aquellos que lo tienen todo, y en la de esos que no tienen nada y se aferran a estos colores para seguir viviendo. Esos que entienden a River como una forma de vivir, como un pacto de aquí a la eternidad. Es difícil de entender para aquellos que no lo viven, lo sé. No voy a pretender que comprendan mi locura, déjenme nomás vivirla.

Ignacio Copani cantó en uno de sus temas que Ser Riverplantese es gozar la vida y es cierto que en este último tiempo a nosotros nos está costando disfrutar. No soy necia y admito el momento que estamos atravesando. No voy a negarlo, me duele en el alma ver en ruinas al club que me vio nacer y que yo vi crecer. Me duele tanto como ver herido a una familiar, porque créanme que no miento al decir que River es una parte enorme de mi vida. Y es por eso que decidí no abandonarlo. Que si me regaló tantas sonrisas, tantos momentos inolvidables, tantas personas inigualables, hoy me necesita a su lado. Y hoy, 25 de Mayo, en el día de su cumpleaños no iba a dejar de estarlo. Sentir esta interminable pasión es un sentimiento que no se explica pero tiene nombre. Se llama River Plate y hoy, 111 años después, te vuelvo a elegir.

domingo, 20 de mayo de 2012

Entre la razón y el corazón.



Volví a mi querido blog. Habiendo pasado un poco más de dos meses de la última entrada me sentí en la necesidad de volver a hacer un poco de catarsis acá. De contar la pesadilla que estoy viviendo junto a miles que lo sufren cada fin de semana. Con altibajos, no lo voy a negar. Las victorias me ilusionan pero los empates, que a esta altura ya se transforman en derrotas, me derrumban. No disfruto los partidos y, para peor, llego a mi casa con un dolor de cuerpo y alma que me consume. Es que quiero tanto a River que me doy cuenta que no exagero cuando digo que esta camiseta es realmente es mi vida. No encuentro explicación para semejante momento. No puedo entender cómo llegamos hasta acá. Pasamos de ser el más grande a un equipo completamente frío, sin corazón. Sin ideas, sin caudillos. Los referentes pelean más con los hinchas que dentro del campo de juego. Las explicaciones no alcanzan y cuando más se las necesitan, brillan por su ausencia. Y en las tribunas, el aliento ya no contagia. Pero qué se le puede pedir a toda esa gente que aún en los peores momentos sigue estando. 

Presentimiento, premonición, como quieran llamarlo pero ayer, antes del partido, me acordé de aquella bandera que pusieron hace un año y rezaba "Jueguen por nosotros, estamos con ustedes." Todos conocemos el final de la historia de esa bandera pero créanme que hoy volvería a colgarla. No dudo que los jugadores sufran por este momento, pero nadie más que el hincha genuino, ese que hace superlativos esfuerzos para llegar desde cualquier lado a cada lugar donde juega la banda roja, se fue ayer con un nudo en la garganta inexplicable. Lo que viví ayer en el Monumental hacía mucho que no me ocurría. Me fui realmente mal. Perdida, desconsolada. No entendía lo que había pasado. Cómo se nos habían escapado dos puntos de manera increíble, inadmisible, imperdonable. Cómo se puede llevar puesta una camiseta con tanta historia y no defenderla. No puedo explicarles la impotencia que me recorre. Ayer era tristeza, hoy se transformó en bronca. Bronca de mirar una y mil veces los videos del River más ganador y caer en la realidad de que ya no queda nada. Bronca de escuchar a la persona que me llevó por primera vez a la cancha decir que jamás se imaginó esto. Y tiene razón. ¿Cómo se lo voy a refutar? Pasó 18 años sin salir campeón, aguantándose las cargadas de sus compañeros y lo que estamos viviendo hoy lo superó ampliamente. Y él, mi viejo, que pensaba que no iba a haber nada peor que esos 18 años... 

Me preguntan qué haría si River debiera pasar una temporada más en la B y mi cabeza entra entre crisis. No toleraría un año más así, bajo ningún punto de vista. No minimizo a los demás rivales pero sé que River es mucho más que esta categoría. Quizás no se demuestra en la cancha, pero una historia nos avala y es por ella que no puede suceder. Hasta me niego a pensar en una hipotética promoción. No creo que mi corazón, aún siendo muy jóven, soporte esas dos finales. Ya lo pasamos una vez, ¿qué necesidad de volver a vivirlo?. Pero inmediatamente mi corazón responde que seguiría estando junto a River. Y aunque me duela en el alma hoy no estoy segura del final de esta historia. Por un lado, deseo despertarme dentro de cuatro fines de semana. No quiero sufrir más, no quiero ver como el club del cual soy hincha, socia y una eterna enamorada se sigue cayendo a pedazos. No puedo ver que la gente termine peleándose entre sí cuando deberíamos estar más unidos que nunca. Y por otro lado, me siento en la necesidad de seguir junto a ellos. De acompañarlos, de decirles una vez más que estamos. Que no abandonamos. Que no somos como esos que en las malas se borran. Que sabemos de alegrías, de fiestas, de vueltas olímpicas. Que nos necesita más que nunca y que elijo estar hasta el final.

Duele el alma al verte así, River de mi vida. Duele ver lo que te hicieron, lo que nos hicieron. Duele no encontrar respuestas en un momento donde necesito que me aseguren que en un mes voy a empezar a escribir otra historia. Una historia que hable de verte brillar como tantas veces te vi. Donde pueda llenar las páginas de gloria y no de desazones. Espero el día en el cual pueda torcer la historia. Donde pueda dormirme pensando en que volvimos al lugar del que no debimos haber ido jamás. Donde los nudos en la garganta y las opresiones en el pecho se transformen en sonrisas, en cansancio de saltar. En dolor en las manos de aplaudirte. No se de dónde saco fuerzas pero sigo confiando en ustedes, no nos defrauden.

lunes, 5 de marzo de 2012

Don ángel, o simplemente, Angelito.



Querido Angelito, hace mucho tiempo buscaba un momento para escribirte. Desde aquel 26 de Junio, no me animé a hacerlo. No sabía por dónde empezar. Si contarte de la gloria que viví desde la primera vez que pisé el Monumental, nuestro Monumental, o si hablarte de la pesadilla que padecimos aquel día, insospechado para todos los que llevamos esa misma banda roja que supiste hacer grande, muy grande.
Todo lo que pueda contarte de ese día, seguramente ya lo sabrás. Vos más que nadie tenés el círculo celeste comprado, y estoy segura que también estuviste aquel domingo de Junio. Si hay algo que rescato, es que por suerte, un gigante como vos estuvo mucho más cerca del cielo, que de ese infierno.
No voy a hondar mucho más en el tema. La historia ya la debés conocer, y al igual que todos los riverplatenses, será algo que difícilmente podamos borrar de la memoria. Dejame decirte que mi intención no es borrarlo, porque considero que olvidando, estamos avalando el desastre que hicieron y lo que es peor, corremos el riesgo de volver a cometer los mismo errores que nos trajeron hasta acá.
Si hoy encontré el día preciso para escribirte fue porque siento que después de 23 fechas, hicimos camino al andar. Que nos costó y nos cuesta, pero poco a poco estamos empezando a ensayar el reencuentro con ese estilo que vos, y esos 4 monstruos supieron darle a River. Esa Máquina que hoy está en el Museo, esa misma que se ganó el nombre de la confitería del club, y que quedará para siempre en la historia más grande de tu querido, el mío, el de tantos, River Plate.
Entre tantos atrevimientos que me tomé, como el de tutearte, me gustaría pedirte un útlimo favor. Aunque para ser sincera, dudo que sea el último. Debo confesar que más de una vez miré al cielo buscando un guiño tuyo. Algo que me hiciera creer que no todo estaba perdido, que vos nos ibas a dar esa mano que dentro del campo de juego no aparecía. Seguramente continúe con mi metodología de buscarte entre las nubes, y no dudo que llegarán esas noches de copa donde te encuentre en alguna estrella y nos envíes esa ayuda extra que necesitaremos. Pero en esta oportunidad, me encantaría pedirte que tu mensaje les llegue a los jugadores que hoy defienden los colores. Que dejen la vida por esta camiseta. Que tanto esfuerzo de ustedes, seguramente no fue en vano. Que somos grandes, y como tal, es necesario hacer valer esa grandeza. Que necesitamos de tu mística, de tu magia. Que el anhelo está cada vez más cerca y unidos, será algo fácil de concretar. Que casi 111 años de historia, no pueden reducirse a unos pocos de oquedad.

Muchos dirán que enloquecí, pero escribirte a vos es algo que siempre quise. No tuve la posibilidad de verte, ¡pero me contaron tantas cosas! Goles, gambetas. Los triunfos contra el eterno rival, las vueltas olímpicas. También los libros me ayudaron a conocerte un poco más, a entender tu amor por la banda y a forjar el mío, y creeme que es tan puro como el tuyo. Hasta tuve la suerte de hablar con tu hijo y sentir de alguna manera que estaba más cerca tuyo que nunca.
Sólo me faltó conocerte, y lo lindo que hubiera sido un café con vos.

sábado, 18 de febrero de 2012

Un poquito más cerca.



Y pasó nomás. Es increíble el tiempo que uno espera por esos noventa minutos y lo rápido que se disipan. Parece como a propósito esperar tantos días para que la fiesta sólo dure una hora y media. De todas formas, si todas las tardes en el Monumental serán como la que vivimos hace apenas unas horas, déjenme contarles que estoy dispuesta a extrañar estos colores durante toda la semana.
Lo cierto es que River volvió a dar muestras de que algo está cambiando. Es cierto, los rivales no tienen la misma fortaleza, sin embargo también es verdad que en otro momento estos partidos se nos escapaban de las manos y en muchas ocasiones, por situaciones insólitas. Hoy logramos llevarnos los tres puntos, seguir luchando bien arriba y ver muy buenos desempeños de jugadores que antes dejaban mucho qué desear.
Imposible explicar lo vivido en las tribunas. Desde aquel encuentro ante Patronato, deseaba volver a mi querido Monumental. Deseaba volver a pisar esos escalones, esa butaca. Volver a mi lugar, al lugar donde pueden verme tal cual soy. No miento cuando digo que ese círculo rojo y blanco tiene magia. Contagia pasión, locura. Uno puede tener una mala semana, estar atravesando una mala situación, y sin embargo llegar a Núñez transforma todo en algo pasajero. Allí sólo existe una premisa. Alentar a River, en las buenas y mucho más en las malas. Y lo que es mejor aún, saber que todos esos miles de desconocidos comparten el mismo sentimiento.
Ser de River es algo imposible de explicar. Va más allá de todo. Muchas veces me preguntaron qué hubiera sido de mi vida si no hubiera conocido a River y realmente es algo para lo que no tengo respuesta. No concibo la vida sin River, no entiendo el fútbol de otra manera si no es de la mano del millonario. Los fines de semana no tendrían sentido sin ir a alentarte, y la semana no tuviera nada interesante si no esperase por ese sábado o domingo para reencontrarnos. Pero como siempre digo, sólo aquel que lo sienta como yo, podrá entender la magnitud que tiene este club en la vida de cada uno de nosotros.
Me enorgullece saber que tantos miles lo entienden como yo. Que cada vez hay mas padres que llevan a sus hijos a que conozcan el Monumental, con la camiseta de la banda roja, la tricolor, o cualquiera que contenga ese escudo. No puedo evitar recordar la primera vez que lo pisé de la mano de mi viejo, y ver que tantos nenes hoy son parte de esa fiesta realmente me hace pensar que tenemos un buen futuro. Que si de pasión se trata, tendremos el primer puesto asegurado por muchos, muchísimos años más, lejos.

Esta tarde volvimos a dar muestras de que estamos más vivos que nunca. De que no importa la categoría aunque muchos por no decir todos, tengamos la mente puesta en el retorno a la máxima división. Hoy, en el debut del equipo de Almeyda en el Monumental, volvimos a rubricar el pacto que nos une de por vida. Volvimos a ilusionarnos como en las mejores épocas. Volvimos a creer en que tanto sufrimiento tendrá una recompensa que anhelamos todos los que te llevamos en el alma, porque sin dudas esta hinchada, es merece ser campeón.