"Porque desde la primera vez que uno pone un pie en la vereda del Monumental no puede imaginarse
la vida sin la banda. Como existe el viento, como el cielo es azul. Gracias a Dios, existe River."
Ignacio Copani

sábado, 18 de febrero de 2012

Un poquito más cerca.



Y pasó nomás. Es increíble el tiempo que uno espera por esos noventa minutos y lo rápido que se disipan. Parece como a propósito esperar tantos días para que la fiesta sólo dure una hora y media. De todas formas, si todas las tardes en el Monumental serán como la que vivimos hace apenas unas horas, déjenme contarles que estoy dispuesta a extrañar estos colores durante toda la semana.
Lo cierto es que River volvió a dar muestras de que algo está cambiando. Es cierto, los rivales no tienen la misma fortaleza, sin embargo también es verdad que en otro momento estos partidos se nos escapaban de las manos y en muchas ocasiones, por situaciones insólitas. Hoy logramos llevarnos los tres puntos, seguir luchando bien arriba y ver muy buenos desempeños de jugadores que antes dejaban mucho qué desear.
Imposible explicar lo vivido en las tribunas. Desde aquel encuentro ante Patronato, deseaba volver a mi querido Monumental. Deseaba volver a pisar esos escalones, esa butaca. Volver a mi lugar, al lugar donde pueden verme tal cual soy. No miento cuando digo que ese círculo rojo y blanco tiene magia. Contagia pasión, locura. Uno puede tener una mala semana, estar atravesando una mala situación, y sin embargo llegar a Núñez transforma todo en algo pasajero. Allí sólo existe una premisa. Alentar a River, en las buenas y mucho más en las malas. Y lo que es mejor aún, saber que todos esos miles de desconocidos comparten el mismo sentimiento.
Ser de River es algo imposible de explicar. Va más allá de todo. Muchas veces me preguntaron qué hubiera sido de mi vida si no hubiera conocido a River y realmente es algo para lo que no tengo respuesta. No concibo la vida sin River, no entiendo el fútbol de otra manera si no es de la mano del millonario. Los fines de semana no tendrían sentido sin ir a alentarte, y la semana no tuviera nada interesante si no esperase por ese sábado o domingo para reencontrarnos. Pero como siempre digo, sólo aquel que lo sienta como yo, podrá entender la magnitud que tiene este club en la vida de cada uno de nosotros.
Me enorgullece saber que tantos miles lo entienden como yo. Que cada vez hay mas padres que llevan a sus hijos a que conozcan el Monumental, con la camiseta de la banda roja, la tricolor, o cualquiera que contenga ese escudo. No puedo evitar recordar la primera vez que lo pisé de la mano de mi viejo, y ver que tantos nenes hoy son parte de esa fiesta realmente me hace pensar que tenemos un buen futuro. Que si de pasión se trata, tendremos el primer puesto asegurado por muchos, muchísimos años más, lejos.

Esta tarde volvimos a dar muestras de que estamos más vivos que nunca. De que no importa la categoría aunque muchos por no decir todos, tengamos la mente puesta en el retorno a la máxima división. Hoy, en el debut del equipo de Almeyda en el Monumental, volvimos a rubricar el pacto que nos une de por vida. Volvimos a ilusionarnos como en las mejores épocas. Volvimos a creer en que tanto sufrimiento tendrá una recompensa que anhelamos todos los que te llevamos en el alma, porque sin dudas esta hinchada, es merece ser campeón.

martes, 14 de febrero de 2012

Un amor así nunca se olvida.



Fueron muchas las veces que intenté buscarle la definición exacta a ese sentimiento que suelen llamar amor. Si bien cada uno tiene su explicación, nunca logré llegar a algo concreto. Lo cierto es que todos los "tipos" de amores son valederos. Y su validez proviene de la pasión que encierra ese sentimiento.
Hoy 14 de febrero, día de los enamorados, volví a hacerme la misma pregunta. Como bien dije antes, el amor en todas sus expresiones es absolutamente válido y más cuando es tan puro y fiel como lo es en el caso de River. Créanme que no me equivoco al decir que es el único amor que me va a acompañar toda la vida, y seguramente más allá de ella.
Si estar enamorado implica alegrarse, enojarse, emocionarse, pelearse, entonces me declaro enamorada de River Plate. Porque con estos colores experimento todo tipo de sensaciones. Porque me regaló tardes de suma alegría y momentos de profunda tristeza. Me hizo crecer y conocer gente tan enamorada como yo. Logró transformar mis fines de semana. Consiguió que empiece a contar los días que faltan para verlo. Sólo River logra que me levante temprano con una sonrisa por ir a buscar una entrada. O que directamente no duerma por hacer una fila para conseguir mi localidad.
Sólo River consigue que no esté presente en una fecha familiar, o que postergue vacaciones, salidas con amigos, por noventa minutos en nuestra casa. Sólo River logra sacar de mi aquello que nadie consiguió. El amor, la pasión, la locura. Y como si fuera poco, me regala la posibilidad de compartirlo con tantos miles de apasionados que lo sienten igual que yo.
Es cierto que si algo entendemos los que llevamos a River tan adentro del alma es que no necesitamos un día para expresarle todo lo que sentimos. El día que llegamos al mundo y conocemos estos colores, firmamos un pacto de fidelidad eterna. Ese que habla de acompañarte en todo momento, en las buenas, y mucho más en las malas. Ese que habla de defenderte ante todo y todos. Y por sobre todas las cosas engrandecer cada día un poquito más tu grato nombre.

Hoy siento que nos necesitás más que nunca. Hoy nos encontramos en un momento donde la unión es la única herramienta que tenemos para salir adelante. Hoy entiendo que si me regalaste tantos momentos de gloria, no encuentro motivo por el cual no estar a tu lado. Sino todo lo contrario. Hoy tengo la fuerte convicción de acompañarte al lugar donde vayas. De alentarte hasta que me quede sin garganta y de retarte cuando sea necesario. Porque el amor genera sentimientos encontrados, pero al fin y al cabo, una pasión tan grande no entiende de momentos, sino que se rige por un corazón que te dice que te quiere y que pueden pasar los años, pero un amor así nunca se olvida.


jueves, 9 de febrero de 2012

Nos siguen pegando abajo



Si la interminable travesía del hincha de River a lo largo de este torneo ya era todo un suplicio, parece haberse abierto hace ya varios meses un curso intensivo acerca de cómo hacernos la estadía más compleja de lo que ya es. Decir que está de moda tomarnos el pelo suena repetitivo, pero créanme que es lo más acertado que encuentro para describir el manoseo que se le está haciendo a quienes cuya intención sólo habla de acompañar a su equipo, juegue donde juegue.
Hablar de la ineptitud de los organismos que debieran garantizar el desarrollo de una fiesta como lo debe ser un partido de fútbol, no es novedad. Puedo citar varios ejemplo que me avalan, pero aún así no alcanzaría para entender la insólita complejidad que tiene para algunos organizar un encuentro deportivo. 
Las entradas, los estadios, las hinchadas. Todo es un problema cuando comienza un torneo. Y una vez más, el hincha es el perjudicado. Quedamos en el medio de un tironeo aquellos que sólo entendemos este deporte como una pasión. Aquellos que esperamos toda la semana para ver a River, aún jugando en escenarios deplorables, tal como ocurrió el pasado fin de semana.
Entiendo que hace mucho el fútbol dejó de ser un sentimiento para transformarse en un negocio del cual muchos se llenaron y continúan llenándose los bolsillos. Pero déjenme decirles a todos esos que nosotros como hinchas, socios y fanáticos de nuestros colores, no concebimos a este deporte de esa manera, y mucho menos a River. Son miles, millones, los corazones que cada fin de semana vuelven a latir al ver rodar la pelota durante esos sagrados 90 minutos y resulta una total y absoluta falta de respeto que faltando apenas 2 días para el encuentro, no se tenga certeza alguna de qué pasará.
Las desprolijidades hablar por sí solas, y muy a mi pesar, ya empiezo a acostumbrarme a que sucedan. Alguna vez me dijeron que debía empezar a pensar que se puede estar mejor pero continúan haciendo todos los méritos para derribar esa teoría. No sólo no estamos mejor, sino que la involución es cada vez mayor, y preocupa. Sumado a la indignación que siento como hincha de mi equipo al no saber qué día decidirán jugar los únicos 90 minutos que espero ansiosa de la semana, el combo completo para creer que lamentablemente, nada cambió.

Si buscan en la cronología de las entradas, la segunda que subí se tituló "El hincha, una vez mas, el perjudicado". Hoy, tranquilamente, podría titularlo de la misma forma pero en un día negro para la música y también para el mundo River, decidí tomar una frase de un autor cuyo corazón también es rojo y blanco, y casualmente, compartía dicha pasión con el querido Flaco Spinetta. Ellos, como vos, como yo, y como tantos, entendemos a River de la manera más genuina que puede sentirlo quien de verdad lo lleva en el alma. Y aunque muchos nos sigan pegando abajo, el hincha una vez más se levanta impulsado por ese amor eterno que nada ni nadie logrará apagar.



domingo, 5 de febrero de 2012

Con Sabor A Nada




Terminó el paupérrimo debut de River en este 2012 e inmediatamente sentí la necesidad de escribir en este espacio para expresar mi indignación. En realidad tengo una mezcla de sensaciones. En principio me invade una profunda preocupación por la falta de respuestas futbolísticas en momentos donde más se necesitan. Por otro lado empiezo a sentir antipatía por jugadores cuyo rendimiento deja mucho que desear partido a partido. Y como si fuera poco, el broche de oro lo pone la tristeza que me genera ver a mi River, mi querido River, en el lugar donde se encuentra. O mejor dicho, donde varios lo llevaron.
No se confundan. Esta no es la primera fecha del torneo. Es un campeonato largo y el "Falta Mucho" vengo escuchándolo hace varios partidos. Hoy no fue la excepción. Inquieta pensar que la misma frase se repite fecha a fecha y que parece ser una historia de esas cuyo final es incierto. Está claro que si River quiere volver a la máxima categoría deberá modificar muchos aspectos que hoy son dejan serios interrogantes.
En la valla, la seguridad es cada vez menor, haciendo juego con la defensa. El mediocampo parece ser vía libre para los rivales, y a nivel ofensivo, la falta de ideas y de contundencia terminan de coronar un desempeño digno de la realidad que vive el millonario, desastroso.
La autocrítica una vez más, ausente. Declaraciones como que "el pasto estaba alto" es algo que realmente me supera. No seremos menos por reconocer nuestros propios errores. Por deslindar responsabilidades en otros factores, hoy nos encontramos sumergidos en un presente impensado para propios y ajenos. Es hora de hacerse cargo de lo que recae sobre el equipo y comenzar a torcer el rumbo de la historia. Aún queda mucho, es cierto. Pero es necesario un cambio de mentalidad urgente, capaz de revertir esta situación.
Lo de esta tarde es algo que definitivamente no puede volver a repetirse. El torneo es largo y River es un equipo más que debe jugarlo, pero con un factor adicional. River no sólo enfrenta a sus rivales, sino a sí mismo. Y es ahí donde el plantel no debe perder la calma. Si la cabeza juega en contra, las piernas seguramente jugarán una mala pasada y allí empezará la debacle, como pudimos apreciar hace unas horas. Un equipo compacto, con la ventaja en el marcador y en una distracción, el empate. Luego, la historia que ya conocemos. La impotencia en su máxima expresión.

No soy una persona de pedir cabezas de nadie. No considero que esa sea la solución hoy en día. Entiendo que ponerse la banda roja hoy no es fácil para nadie pero en esta oscura situación se necesitan hombres capaces de ponerse el equipo al hombro y sacar a flote a un club que hace agua por todos lados. El hincha acompaña. Y es el primero que merece irse de la cancha con un poco de alegría que disimule al menos por un rato la tristeza que lo acompaña desde aquel 26 de Junio. 

Rumbo Al Retorno



"Llega el domingo, voy a ver al campeón, River vos sos mi locura..." Así arranca una de mis canciones de cancha preferidas. Resume todo lo que siento por River. La locura, la pasión, los sentimientos más puros que uno puede  llevar en el alma. Eso mismo fue lo que reflejaron los miles de hinchas millonarios en la previa a este primer partido. Sabido es que nuestra pasión no entiende de categorías, distancias ni rivales impensandos como Almirante Brown. Hoy, no será la excepción para los que te llevamos en el corazón.
Como bien dice ese tema, llegó el domingo y con ello, la vuelta a la competencia oficial de los equipos. Si de River hablamos, empieza algo más. Empieza el retorno, la resurrección, como quieran llamarlo. Quizás no empiece, sino se reanude después de las vacaciones tomadas. Como sea, es el semestre donde River debe afilar el cuchillo y jugar como vulgarmente se dice, a matar o morir. Con tranquilidad y sin desesperación, es cierto. El material está. Contamos con un plantel de jerarquía del cual no tengo dudas, saldrá a defender la banda roja como lo exige nuestros casi 111 años de historia.
Déjenme hacer un alto y contarles lo que me sucedió cuando me levanté esta mañana. Se me vino a la mente la imagen de aquella bandera que apareció en una práctica de River allá por Junio de 2011 y decía algo así como "Jueguen por nosotros, estamos con ustedes". Intento fallido, todos sabemos cómo terminó la historia luego de esa bandera. Hoy me desperté con ganas de transmitirle lo mismo a los jugadores. Que jueguen por nosotros, por la historia, por las glorias, por ellos mismos, por los que ya no están y hacen fuerza desde algún lugar para volver a ver a ese River que tantas alegrías les regaló. Que dejen la vida por la banda. Que ascender es el anhelo que compartimos todos los Riverplatenses y como tal, debe ser cumplido. Que somos grandes, el más grande, y que dicha grandeza debe ser trasladada al campo de juego.
Apoyar, Alentar, Agotar. Esa parece ser la premisa que hoy reina en el mundo River. La antigua triple G, esa de la que habla aquella bandera colgada en la tribuna San Martín alta, parece haber quedado en algún rincón de la memoria, pero lejos de recuperar en el césped. Es necesario entender que los partidos ya no se ganan desde la tribuna, si así fuera estoy segura que no existirían vitrinas para tantos títulos. Combinar la pasión del hincha con el desempeño del jugador será la clave en estos tiempos donde la tan ansiada meta está cerca y no admite duda alguna de ser conseguida.

Vuelve el fútbol, vuelve River y la ilusión está más viva que nunca. Todos los que alguna vez vestimos la banda roja sabemos de la importancia que tendrá cada partido, y de la seriedad con la que deberán ser tomados. La pasión, como ya es una constante en el hincha millonario, sigue intacta o mejor aún, más intensa que nunca. Tenemos todo para conseguir la vuelta a la máxima categoría, esa de la que River no debió haberse ido jamás. Ya demostramos lo que es River en las malas, ahora empecemos a transitar el camino donde demostremos que se puede estar mejor, mucho mejor.

lunes, 30 de enero de 2012

Una catarsis de verano.



Hoy más que nunca necesito un momento de catarsis. La idea principal de este espacio es esa. Poder expresar lo que siento como hincha, enferma y fanática de River que soy, y que a su vez, todo aquel que quiera comentar y contar su sentimiento será más que bienvenido.
Me siento en un momento de desconcierto. Ya la pasión no me es suficiente. O quizás sí lo sea para el corazón, pero no para la razón. Es imperiosa la necesidad de cortar con esta racha negativa que venimos arrastrando, y partido tras partido siento que no sólo no termina sino que se agudiza cada vez más. Las respuestas dentro del césped brillan por su ausencia, los errores se cometen una y otra vez, y como si fuera poco la autocrítica no aparece. Sumado a que uno de los principales -o el principal responsable- pasea por Europa haciendo negocios con jugadores que hoy son súmamente necesarios en el equipo. Pero claro, el bicampeonato económico debe estar golpeando la puerta de Núñez, o de su bolsillo.
Desde el momento en el cual se planteó si se debían jugar o no los superclásicos de verano, siempre estuve a favor. Más allá de las circunstancias, considero que el fútbol es una fiesta y debe ser vivida como tal. La tribuna como ya es una costumbre demostró que está a la altura de lo que siempre fue River. Locura, el sentimiento en su máxima expresión. Imaginen que si se hace complejo explicarlo para quienes llevamos la banda roja en el alma, imposible será que lo entiendan aquellos que no lo viven como nosotros. 
A contraposición, el equipo. El desempeño de River a lo largo de los partidos de verano, salvo en algún que otro momento, dejó mucho qué desear. No dudo de sus ganas ni de su capacidad, para nada. Pero entiendo que en un momento donde las urgencias son muchas, los resultados empiezan a tornarse realmente necesarios. Quizás no por obtener la victoria, sino por lo que representan este tipo de partidos para los hinchas. Son esos que nadie quiere perder, en ninguna estación del año, y lamentablemente nos fuimos con las manos vacías de los dos.
Es necesaria la autocrítica. No seremos menos hinchas por exigirle a nuestros jugadores que respeten la camiseta de River. Que están jugando con la misma banda roja en el pecho que engrandecieron eternos ídolos y hoy se ve sumergida en una realidad que ni el más pesimista se animaba a vaticinar. No podemos volver el tiempo atrás, eso está claro. Pero sí podemos corregir esos errores que nos llevaron a tocar el fondo del que hoy tanto nos cuesta salir.

El camino es largo y aún queda mucho. Pero a no confundirse. El márgen es cada vez más chico y cada encuentro deberá ser tomado con la seriedad que merece. Como apasionada que soy me duele ver el punto al que llegó River. Es inexplicable el valor que tienen estos colores en mi vida, como seguro lo tendrán en la vida de mucho de ustedes y es por eso que me cuesta asimilar el duro trance por el que estamos pasando. El sentimiento sigue intacto, de eso no hay dudas. Habrá que dar vuelta la página, fijar la vista en volver a la máxima categoría y empezar a respirar un poco del renovado aire que tanto merecemos los que te seguimos juegues donde juegues.

viernes, 27 de enero de 2012

Una sanción al corazón.



Es complejo entender los sentimientos. Mucho leí acerca de ello y créanme que todavía no le encuentro una definición exacta. Quizás exista en el diccionario la explicación de dicha palabra, pero cuando la pasión encierra algo tan profundo, la comprensión es completamente ineficaz.
La derrota del miércoles sin dudas, dolió. Las ilusiones era muchas y una vez más, el triste momento en el que está inmerso el club de Nuñez se hizo presente para amargarnos la noche. Un baldazo de realidad que venimos arrastrando hace ya varios meses, y que si bien será duro el camino a transitar, no dudo que inflaremos el pecho cuando más lo necesite el millonario y dejaremos atrás este complicado trance.
Como bien reza el título de esta entrada, la noche del superclásico dejó un poco más que el resultado deportivo. Hace poco hablaba acerca de la vuelta al primer amor, y a mi entender, Alejandro Domínguez fue uno de los pocos que decidió ponerse la banda roja y devolverle a River un poco de todo lo que la institución le había dado. Un acto basado en la pasión, esa que muchos no entendieron y seguramente jamás entenderán si no sienten lo que sentimos todos y cada uno de los que formamos parte de este mundo teñido de rojo y blanco. 
La única autoridad que tengo para expresar mi opinión acerca de la actuación del Chori es aquella que me confiere mi condición de hincha, enamorada, apasionada por la banda roja. Sin lugar a dudas, fue irresponsable. Más allá de la desventaja numérica, su expulsión determinó un duro golpe anímico. Sabido es que en este tipo de encuentros, en los que para mi no existen estaciones climáticas, el corazón es súmamente importante cuando las ideas futbolísticas no abundan, o directamente brillan por su ausencia. 
Me enojé. No entendía cómo un profesional con su trayectoria era capaz de actuar así, y más aún en un partido de estas características. Seguramente su desempeño fue determinante en el resultado final, y aunque después entendí sus motivos, todavía le reprocho su actitud.
Al día siguiente, me dispuse a escuchar sus declaraciones con mayor detenimiento y con un nivel de exacerbación un tanto más calmo de mi parte. Fue ahí cuando comencé a comprenderlo. Es cierto que su conducta mucho tuvo que ver con el final, pero cuando los sentimientos son tan fuertes, difícil se hace controlarlos. El corazón le nubló la razón, y ahí comenzó la debacle. Ver las imágenes me recordó a aquella vez de Matías Almeyda en la cancha de boca, en una tarde parecida a la noche del miércoles. Uno de esos partidos donde la pasión desbordó a los jugadores de River y los hizo olvidar de la importancia que encierran para el hincha este tipo de encuentros.

Ahora sólo resta esperar la definición sobre su futuro en las canchas. Muchos saldrán a matarlo, y no faltarán aquellos que aprovechen esta situación para intentar hundir un poco más al club de Nuñez. Habrá que hacer oídos sordos, pero no confundir las cosas. La situación de River no admite derrotas, y mucho menos en partidos que trascienden lo deportivo. El sentimiento en la tribuna sigue intacto, y el hincha de River más que nunca aguarda que dicha pasión se transforme en alegría en el campo de juego, esa que se nos viene negando y que tanto necesita nuestro ilusionado corazón.